La semana pasada disputé mi última prueba del año. Cuatro días de emociones y sobre todo, buenas sensaciones, tanto buenas como tristes. Dos cosas para recordar: Ocho hoyos que nunca olvidaré (probablemente la mejor primera vuelta que he dado en mi vida) y en el tercer día de competición, el fallecimiento de mi abuelo, por lo que decidí retirarme del campeonato, por encima del deporte está lo más importante, la familia.
El torneo comenzó después del Pro-Am, un buen entrenamiento, mal en cuanto a resultado pero bueno en lo que a sensaciones se refiere. No metí los putts, y la falta de concentración me llevó a un mal resultado. Precisamente por esas buenas vibraciones afronté el segundo día con la misma acitud. Premio. +2 y superado el corte, el último pero superado, no me cansaré de repetir que este año el objetivo era superar cortes.
Y llegó el tercer día. Un día que se quedará marcado en el calendario de mi vida. Salí al campo concentrado. Empecé jugando fantásticamente, agarrándome a un campo complicadísimo, haciendo birdies con facilidad en La Reserva de Sotogrande, incluso pese a fallar dos putts a un metro, la primera vuelta fue increíble, probablemente los nueve mejores hoyos de mi vida. La segunda parte del día se me dio algo peor. No obstante, mi balance de los tres días de juego es muy positivo.
Al terminar los 18 hoyos recibí la noticia del fallecimiento de mi abuelo. Lo dicho, la familia está por encima de lo deportivo y sentí que tenía que estar con ellos, así que decidí volver a casa. El último día habría jugado con Juan Quirós, un senior que disputa el europeo, y del que habría aprendido mucho. Otra vez será.
Buenas sensaciones en el Challenge
En clase... con los mejores golfistas