Acabo de llegar a Pamplona después de un larguísimo viaje. Hoy me he levantado a las 2 de la mañana en Eslovenia, he ido a Austria a coger el avión, escala en Munich, Bilbao y. por fin, en casa.
Todo este lío es bastante parecido a la rocambolesca semana que he pasado. Llegué a Eslovenia muy contento después de cómo había transcurrido el torneo en Austria y, sobre todo, confiado en la evolución de mi juego. El primer día sobre el campo no tuve buenas sensaciones, hice un mal entrenamiento y no las tenía todas conmigo. Superada esta primera fase, me planté en el Pro-Am, donde realicé un buen juego y me asenté en el campo haciendo una buena vuelta. Las cosas empezaban a mejorar.
Se dice que lo que mal empieza… y es lo que sucedió. El primer día de torneo me levanté destemplado. Agarré algún virus y me notaba muy cansado. Incluso vomité antes de salir al campo y durante el partido. No podía casi ni con la bolsa y durante algunos hoyos pensé en la retirada pero al final aguanté pensando en que si me recuperaba podría hacer una buena vuelta el día siguiente. Finalmente más cinco.
El segundo día me levante mejor pero no comer apenas en 24 horas resta una cantidad de fuerzas considerable. Comencé de nuevo mal con bogey y doble bogey. Finalmente me agarré algo y terminé en más cuatro la segunda jornada. Un torneo para olvidar…
Ahora no hay casi tiempo para descansar. Mañana martes viajo a Francia donde permaneceré tres semanas. La primera en Burdeos, donde entrenaré en el campo y comenzaré el torneo el miércoles. Las dos siguientes, Lyon y Poitiers. Mismo esquema. Esperemos que vaya mejor la cosa.
Buenas sensaciones en el Challenge
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